<$BlogRSDUrl$>

críticas chatarras

viernes, febrero 09, 2018

frases de “The Post” 



Pusimos otras cien mil tropas en el campo, ¿y las cosas no están mejores? Para mí, eso me parece que las cosas están peor.

Los banqueros siempre juegan con los precios. Pero para nosotros, eso es tres millones de dólares y representa más de cinco años de salario para veinticinco buenos reporteros.

Parece que estamos pobres de efectivo. Ya sabes… apenas solventes. Así es el negocio de los periódicos.

-Comparó a Tricia Nixon con un cono de helado de vainilla.
-Lo hizo, sí.
-Sí. Quiero decir, ¿por qué querría su padre que Judy cubriera la boda de su hija?

-¿Quieres que investigue un poco?
-No. Eso está por debajo de tu salario. ¡Pasante!

-Aquí tienes cuarenta dólares. Quiero que tomes el primer tren hasta Nueva York y ve al edificio del Times en la calle 43. No digas para quién trabajas. Pero encuentra a un reportero llamado Sheehan.
-¿Neil Sheehan?
-Sí, sí. Averigua en qué está trabajando Neil Sheehan.
-¿Eso es legal?
-¿Qué crees que hacemos aquí para vivir, chico?

Será un acto de solidaridad. Defenderán la Primera Enmienda. Les diremos que la única forma de proteger al derecho a publicar es publicando.

-Esto no es una sorpresa, Fritz... Desde el accidente de Phil.
-Arthur…
-Sin ofender, Kay, es desafortunado pero... los compradores obviamente se asustan acerca de tener a una mujer a cargo...

¿Otra docena de reporteros para qué? ¿Para pellizcarle los talones del Times? ¿Entonces podremos fingir que estamos remotamente en la misma Liga?

La única razón por la que ella está manejando las cosas, es porque él... Phil murió.

No fue un accidente. El suicidio de Phil... No sé por qué la gente insiste en llamarlo “accidente”. ¿Es para que se sientan mejor? ¿O creen que están siendo amables?

-Pero, entonces… ¿los banqueros podrían retirarse?
-Sólo si hay un verdadero desastre. Ben es atropellado por un camión y el mundo se queda sin tinta de periódico... El... El camión da la vuelta a la manzana y golpea a Ben de nuevo...



-Eventos catastróficos ocurren, ¿sabes?
-Sí. Pero el derecho de cancelación es sólo por una semana.

¿Pero es Nixon tan listo? Él nunca se rio de una de mis bromas.

Kay, no sé cómo lo haces. No sé cómo te mantienes al día con esto... tener este trabajo de día.

Quería decírtelo y quiero que lo oigas de mí primero. Hay un artículo sobre mí... saldrá en el Times mañana. No es halagador.

-Acabo de tener una conversación extraña con Bob McNamara. Y... Creo que el Times tendrá una gran historia mañana.
-¡Maldita sea!

¡Cristo! ¡McNamara sabía que no podíamos ganar en el '65! ¡Eso fue hace seis malditos años!

¿Hay alguien más cansado de leer las noticias en vez de reportarlas?

No. Son siete mil páginas detallando cómo la Casa Blanca ha estado mintiendo sobre la guerra de Vietnam durante treinta años. Es Truman y Eisenhower y Jack... LBJ mintió... Mintieron sobre Vietnam. ¿Y crees que es sólo una historia?

Hagamos nuestro trabajo. Encuentren esas páginas.

-Estoy justo a la mitad.
-Es un poco difícil de leer, ¿no? Más duro para ti, imagino.
-No. ¿Por qué?
-Ésta era tu gente... ¿McNamara? Y Kennedy y Johnson. Jack y Lyndon eran amigos de tu padre. Volaste a Texas con Lyndon el fin de semana después de su convención.

-Bob McNamara es un viejo amigo. Está pasando por mucho en su vida ahora mismo. Yo sólo... probablemente dijo todo lo que quería decir.
-¿Por qué crees?
-¿Por qué?
-¿Por qué? ¿Por qué te habla a ti?
-Bueno, te acabo de decir que es mi amigo y...
-Bueno, ¿está hablando con algún otro amigo?
-No estoy segura de apreciar la implicación de lo que...
-McNamara está hablando contigo porque tú eres la editora...
-¡Eso no es verdad!
-...del Washington Post.
-No. No es por eso.
-Porque quiere que tú lo exoneres.
-No, no hay ningún otro motivo...
-Porque te quiere de su lado.



¿Fue así como te sentiste cuando estabas de juerga con Jack Kennedy? ¿Dónde estaba tu sentido del deber entonces?

-Creo que tengo algo.
-¿De dónde los has sacado?
-Alguien los dejó en mi escritorio.

-Ninguno estaba sugiriendo secretamente que McNamara provocó al Norte, para que tuviéramos motivos para la escalada.
-Sí. Estaba en el artículo del Times. Era un buen reportaje. Deberías echarle un vistazo.

Estamos de vuelta en el partido.

-¿Crees que alguien está interviniendo tu teléfono?
-Creo que alguien podría estar interviniendo los suyos.

-Ahora… hay un tipo que ambos conocemos. ¿De acuerdo? Él estuvo allí al mismo tiempo que yo. Se fue justo después. Sabes de quién hablo, ¿verdad? ¿No es el primer tipo que se te ocurrió cuando viste el artículo del Times?
-De acuerdo, mira, tengo que irme.

-¿Cuánto tiempo hasta que puedas escribirlo?
-Puedo tenerlo para el jueves.
-¿Y si pretendemos que eres poeta y no novelista?
-Supongo que puedo arreglar algo para mañana por la noche.

Tengo los titulares de mañana.

-Esto significa que estamos en el maldito juego de pelota. Porque si el Times es cerrado...
-Si es cerrado, no hay juego de pelota. Se acabó el juego.
-Pero Katharine… cualquiera mataría por intentarlo.
-Claro. Pero no si eso significa quebrantar la ley.

Escuché que Kennedy dijo que Phil Graham era el hombre más inteligente que conoció. Para que el padre de Kay le entregue al marido la empresa, dice algo sobre el tipo.

Creo que Jefferson acaba de retorcerse en su tumba.

-¿Alguna vez los Tribunales han impedido que un periódico publique antes?
-No, en la historia de la República.
-Menos mal que no somos parte de este lío.
-Daría mi izquierda por estar en este lío.

McNamara no mintió tan bien como el resto. Pero no creo que viera lo que estaba por venir, lo que encontraríamos, pero no tardó mucho en darse cuenta

Si el público viera estos papeles, se volverían en contra de la guerra.



-Ike, Kennedy, Johnson... Violaron la Convención de Ginebra y le mintieron al Congreso y al público. Sabían que no podíamos ganar. Y aun así mandaron a los chicos a morir.
-¿Qué hay de Nixon?
-Sólo sigue adelante como todos los demás. Demasiado asustado para ser el que pierda la guerra bajo su guardia.

Alguien dijo esto, en algún momento, sobre porqué nos quedábamos, cuando sabíamos que estábamos perdiendo. El diez por ciento era para ayudar a los vietnamitas del sur. El veinte por ciento era para detener a los comunistas. El setenta por ciento era para evitar la humillación de una derrota estadounidense. ¿Setenta por ciento de esos chicos sólo para evitar ser humillados? Eso se quedó conmigo.

Van a ir tras de ti, ¿sabes? Y tengo que ser honesto: las migas de pan no son muy difíciles de seguir.

-¿No irías a prisión para detener esta guerra?
-Teóricamente, seguro.
-¿Van a publicar estos documentos?
-Sí.
-Incluso con la orden judicial.
-Sí.
-Bueno, entonces no es tan teórico, ¿no?

-Voy a necesitar dos asientos.
-¿Por qué?
-Voy a necesitar comprar dos asientos en el primer vuelo de mañana. Probablemente de primera clase.
-No me digas. Los tienes. Bueno, sólo tienes que traer tu trasero de vuelta aquí y... ven directo a la casa.

-¿Puedo hacerte una pregunta hipotética?
-Querido, no me gustan las “preguntas hipotéticas”.
-Bueno, creo que a ti tampoco te gustará lo verdadero.

-¿Tienes los papeles?
-Todavía no.

-No estoy protegiendo a Lyndon.
-No. Tienes a su antiguo Secretario de Defensa...

La noche en que fue asesinado, Tony y yo estuvimos abajo, en el Hospital Naval para estar allí y ver a Jackie cuando aterrizara. Estaba trayendo el cuerpo de Jack de vuelta en el avión desde Dallas... Y entró en la habitación. Todavía llevaba puesto ese traje rosa, con la sangre de
Jack por todas partes. Cayó en los brazos de Tony y se abrazaron el uno al otro por mucho tiempo. Y entonces Jackie me miró y me dijo: “Nada de esto, nada de lo que ves, nada de lo que digo, va a salir en tu periódico, Ben”. Y eso me rompió el corazón, yo... nunca... nunca pensé en Jack como una fuente. Pensé en él como un amigo. Y ése fue mi error. Y era algo que Jack sabía desde el principio. No podemos ser ambos. Tenemos que elegir. Y... Y ése es el punto. Los días en que fumábamos puros juntos, en la avenida Pennsylvania, habían terminado. El estudio de tu amigo McNamara lo prueba. La forma en que mintieron. La forma en que mintieron. Esos días tendrían que haber terminado. Tenemos que ser el control en su poder. Si no los hacemos responsables, entonces, Dios mío, ¿quién lo hará?



Y no tengo ningún problema en sostener a Lyndon o a Jack, Bob o a cualquiera de ellos y hacerlos responsables. Pero no podemos hacerlos responsables si no tenemos un periódico.

Hay docenas de historias aquí. El Times apenas ha arañado la superficie.

-¿Puedo interesar a alguien en una limonada?
-¿Tiene vodka?

-Perdóname, Bob, yo... sabes que estás lidiando con muchas cosas, pero... pero es tan difícil de hacer, tratar de entender por qué o cómo pudiste haber hecho todas estas cosas. Cómo pudiste mentirnos a todos.
-Bueno... Es fácil que los periódicos nos caractericen como mentirosos… estábamos intentando echarnos atrás...
-Sí, pero lo dejaste seguir y seguir y seguir... Mi hijo está en casa ahora y a salvo... Gracias a Dios. Pero lo viste irse. Sabías que no podíamos ganar allí. Durante años y años y años y aun así me dejaste... dejaste que muchos de nuestros amigos mandaran a nuestros chicos...
-Kay, estábamos haciendo lo mejor que podíamos. Era Teoría del Dominó, contención. Y eventualmente, sentimos que la presión militar era lo único que iba a llevar a Ho Chi Minh a la mesa. Nuestro proceso de toma de decisiones fue...
-“Defectuoso”. Fue defectuoso. Eso es lo que dice tu estudio.
-Sí.
-Creo que estabas tratando de hacer lo mejor. Y sé lo difícil que puede ser tomar decisiones que...
-Muy amable de tu parte.
-Bueno, lo que venga después no será tan amable.
-¿Tienes los papeles?
-Digamos que puede que tenga que tomar una gran decisión.

-Eso es un delito, Ben.
-Eso es sólo si los documentos que imprimimos pudieran dañar a los Estados Unidos.
-Hay un Juez Federal en Nueva York que parece creer que podrían.
-Bueno, tengo a seis periodistas experimentados, en la habitación de al lado, que han estado reportando sobre esta guerra durante los últimos diez años. Y pondré mis probabilidades de que tengan una mejor idea de lo que podría dañar a los Estados Unidos, que un Juez que está ahora mismo vadeando en este territorio por primera vez.

-Bien, Ben… mira… sabemos que tus reporteros tienen talento. Pero El New York Times pasó tres meses revisando estos documentos. Tienes… ¿cuánto, siete horas hasta que el periódico se imprima? ¿Puedes decirme honestamente que eso es suficiente tiempo para asegurarnos de que ni un solo plan militar, ni un solo soldado estadounidense, ni una sola vida estadounidense será puesta en peligro y que esto no dañará a los Estados Unidos si lo publicas?
-Sí.
-¿Estás seguro de eso?
-¡No! Por eso los llamé.

El estudio era para la posteridad. Fue escrito para académicos en el futuro y ahora mismo, todavía estamos en medio de la guerra. Los periódicos no pueden ser objetivos. Supongo que el público tiene derecho a saberlo. Pero preferiría que el estudio no se difunda ampliamente hasta que pueda leerse con alguna perspectiva.



Estoy aquí pidiendo tu consejo, Bob. No tu permiso.

-Estoy preocupado, Kay. Sabes, trabajé en Washington durante diez años. He visto a esta gente de cerca. Bobby y Lyndon eran clientes duros. Pero Nixon es diferente. Tiene gente realmente mala a su alrededor. Y si lo publicas, él traerá lo peor de ellos.

¡Nixon es un hijo de perra! Te odia. Odia a Ben. Ha querido arruinar el periódico durante años. Y no tendrás una segunda oportunidad aquí, Kay. El Richard Nixon que yo conozco reunirá todo el poder de la Presidencia. Y si hay una forma de destruir a tu periódico, por Dios… ¡la encontrará!

-Sí, Ben, pero si perdemos...
-Con lo que te pagamos, no deberías perder.

-¿Crees que me importan dos mierdas las estaciones de televisión?
-Deberías. Ellos ganan mucho más dinero que tú. Y sin esos ingresos, nos veríamos obligados a vender.

-Si el Gobierno gana y nos condenan, el Washington Post, como lo conocemos, dejará de existir.
-Bueno, sí vivimos en un mundo en el que el Gobierno puede decirnos lo que podemos y no podemos imprimir, entonces el Washington Post como lo conocemos ya ha dejado de existir.

-¿Disfrutando la pelea?
-Sí, ¿quién gana?
-Nixon.

-Ben, hay preocupaciones aquí que están, francamente, por encima de tu nivel salarial.
-Bueno, hay unas cuantas por encima del tuyo. Como la maldita libertad de prensa.
-Seamos civilizados, si podemos.
-¿Crees que Nixon va a ser civilizado? Trata de censurar al maldito New York Times.
-Sí. El Times. No al Post.
-¡Es la misma maldita cosa! Es una pelea histórica. Si ellos pierden, nosotros perdemos.

-Con el debido respeto, todos nosotros tenemos todo que perder si no publicamos. ¿Qué pasará con la reputación de este periódico? Todo el mundo se enterará de que tuvimos el estudio. ¡Demonios, apuesto que la mitad de la ciudad ya lo sabe! ¿Cómo se verá si nos quedamos sin hacer nada?
-Pareceremos prudentes.
-Parecerá que tuvimos miedo. Perderemos. El país perderá. Nixon gana. Nixon gana ésta y la siguiente. Y todas las que seguirán, porque estábamos asustados. Porque la única forma de hacer valer el derecho a publicar, es hacerlo.

Vamos... a hacerlo. Hagámoslo.

-Señor Bagdikian, ¿qué tan probable es que su fuente y la del Times, sean la misma persona?
-Es probable.
-¿Qué tan probable?
-Muy... Es muy probable.

-Vamos a publicar. No pensé que Kay lo haría.
-Eso es valiente.
-Bueno, no es la única que es valiente.
-¿Qué tienes tú que perder?
-Mi trabajo. Mi reputación.
-Ben… ¡por favor! Ambos sabemos que esto no hará nada más que pulir tu reputación.

Kay está en una posición en la que nunca pensó que estaría. Una posición que estoy segura de que mucha gente no cree que debería haberlo hecho. Y cuando te dicen una y otra vez que no eres lo suficientemente buena, que tu opinión no importa tanto, cuando no miran más allá de ti, cuando para ellos ni siquiera estás ahí, cuando esa ha sido tu realidad durante tanto tiempo, es difícil no dejarse creer que es verdad. Así que, el tomar esta decisión, el arriesgar tu fortuna y la empresa... que ha sido toda tu vida… bueno, creo que eso es valiente.

Se suponía que nunca debía estar en este trabajo. Cuando mi padre eligió a tu padre para dirigir la empresa, pensé que era la cosa más natural del mundo. Estaba tan orgullosa porque, ya sabes, Phil era tan brillante y él era tan dotado y... Pero pensé que así era como debía ser. Todo el mundo pensaba así entonces.



Pero me encantó el periódico, sabes, me encanta. Me encanta el periódico, no quiero que sea culpa mía. No quiero ser yo quien... No quiero dejar que Phil y mi padre y todos ustedes, niños, se decepcionen.

Ahora dejándolo de lado… Katharine… me he dado cuenta de cuánto tienes en juego.

-Sí. Sin embargo... el prospecto también habla de la misión del periódico, que es una destacada colección de noticias y reportajes, ¿no es cierto?
-Sí.
-Y... Y también dice que el periódico será dedicado al bienestar de la Nación y a los principios de una prensa libre.
-Sí, pero...
-Entonces, se podría argumentar que los banqueros ya fueron notificados.
-Pero Kay… estas son circunstancias extraordinarias.
-¿Lo son? ¿Lo son? ¿Para un periódico? ¿Uno que cubre la Casa Blanca de Nixon?

¿Puedes garantizarme que podríamos ir a imprimir sin poner en peligro a ninguno de nuestros soldados?

-Fritz, no la vas a dejar hacer esto, no puede...
-No. Ella puede, Arthur. Y es enteramente su decisión.

Esta empresa ha estado en mi vida durante más tiempo que la mayoría de las personas que trabajan allí han estado vivas... Así que no necesito el sermón sobre el legado. Y ésta ya no es la empresa de mi padre.
Ya no es la empresa de mi marido. Es mi empresa. Y cualquiera que piense lo contrario, probablemente no debe de pertenecer a mi Consejo.

Mi decisión sigue en pie. Y yo me voy a la cama.

¿Habría publicado el Post planes militares para el Día D, si los hubieran tenido por adelantado?

-Mañana iremos a juicio con el Times.
-¿Por qué estás tan feliz?
-Siempre quise ser parte de una pequeña rebelión.

Creo que la lección es que la gente de este país no puede permitirse dejar que el Presidente dirija el país él solo. Incluso los asuntos exteriores no son más que asuntos internos.

-Todos siguieron tu ejemplo. Ya lo publicaron en sus periódicos.
-Al menos no estamos solos.

Pase lo que pase mañana, ya no somos un pequeño periódico local.

Mi hermano... sigue por allá. Y... bueno… espero que ustedes ganen. Además, me gusta que alguien les diga a estos tipos qué es qué. Pero no le diga a mi jefe que dije eso.

-Es bueno estar del mismo lado para variar.
-Te diré lo que es bonito. Salir en la portada de su periódico diariamente.

-Debe haber mucha gente de Boston a Washington leyendo sobre nosotros.
-Sí, bueno, supongo que es apropiado dado lo que está en juego.

La prensa debería de servir a los gobernados, no a los gobernadores.

¿Sabes lo que dijo mi marido sobre las noticias? Las llamó el primer borrador de la historia. Eso es bueno, ¿no? Bueno, no siempre lo hacemos bien. No siempre somos perfectos. Pero creo que simplemente, seguiremos en ello, ¿sabes? Ése es el trabajo, ¿no?

Creo que podríamos tener un robo en progreso en el Watergate...

jueves, febrero 08, 2018

cuando creíamos en los periodistas 


THE POST
data: http://www.imdb.com/title/tt6294822

Steven Spielberg filmó “The Post” como una obligación ética ciudadana. En los tiempos de Trump y la posverdad, Spielberg rodó a las apuradas, mientras terminaba de editar otra película, esta historia que es un monumento a la libertad de prensa. Toda una declaración de principios, en una época que la prensa está bajo presión, no sólo en Estados Unidos sino en el mundo. Y lo primero que llama la atención, es la facilidad que tiene Steven Spielberg para filmar. La calidad de la película que él creó a los apurones, es muy superior a las producciones de la gran mayoría de los directores que andan filmando por el mundo.

“The Post” tiene una sintaxis cinematográfica clásica, una película como la de las viejas épocas. Por su temática y por su estilo, dialoga con ese otro clásico de Alan Pakula, “Todos los hombres del Presidente” (con Robert Redford y Dustin Hoffman) a la que complementa. Lo que vemos en “The Post” es el capítulo previo a que el Washington Post se cargara a Richard Nixon. La escena que cierra “The Post” es el tributo a la antecesora mencionada.



Pero Spielberg se permite introducir en esta epopeya del periodismo, la historia personal de Kay Graham, la dueña del Post, que había heredado el diario familiar tras el suicidio de su esposo. Vemos una lucha dentro de otra. En la gran lucha del Washington Post para sostener la libertad de prensa, está la anónima épica de la lucha de Kay Graham por ser reconocida ante el machismo de la época. El mundo de los negocios no era en los ’70 (no lo es hoy), un lugar propicio para las mujeres. Y los socios de Graham (no hablemos de sus competidores) no tenían ningún empacho en hacerle saber que no la consideraban apta para el cargo. Más aún en un momento que el Washington Post soñaba con competirle de igual a igual al New York Times. Para eso, el Post necesitaba dinero para comprar a los mejores periodistas y dar el producto de calidad al que aspiraban. Y uno de los pilares claves de esta estrategia era salir al mercado de capitales y buscar los fondos para el crecimiento de la empresa.

Kay Graham tiene la “suerte” de que la misma semana que la empresa sale a la Bolsa, se desata el escándalo por unos papeles secretos del Pentágono con información sobre la Guerra de Vietnam que la Justicia estadounidense le prohíbe publicar al New York Times. En esos días, miles de páginas del informe llegan a manos de los periodistas del Post. El hecho pone a Kay Graham en la gran encrucijada: publicar pese a la presión de la Administración Nixon, sosteniendo el derecho de publicar, o cuidar la pata financiera sobre la que se apoyaría el futuro de la empresa. Si hace caso a lo primero, puede dejar al Post en bancarrota; si le da prioridad a lo segundo, perdería prestigio social y dejaría de ser un diario serio. Esa es la decisión que debe tomar como cabeza del diario, ella, mujer, sin antecedentes en el mundo de los negocios, frente a la oposición plena de sus asesores. Ésa es la verdadera epopeya que cuenta la película.



Hay un revelador diálogo entre Ben Bradlee (el jefe de redacción del Post) y su esposa que resume que el verdadero héroe de la película no es Bradlee sino Graham. Ella lo hace ver todo lo que está arriesgando Kay Graham al apoyar la publicación de los papeles secretos, mucho pero mucho más que el riesgo que corre Bradlee que terminará ganando, de una manera u otra.

Vistos con ojos del nuevo milenio, es muy descriptivo lo que representaba el periodismo en esos momentos para la sociedad. A los diarios serios se les creía. Se consideraban que ellos decían la verdad y profesaban un culto por los hechos. Más allá de su ideología, se sentían custodios de poner en conocimiento de la ciudadanía, aquella información que podía incomodar al poder. En estos tiempos, descreemos de todos por igual. De los gobiernos pero también de los diarios. Y en esa desconfianza general, terminamos creyendo en cualquier cosa. Que es lo mismo que no creer en nada. Hemos perdido la capacidad de juzgar los hechos por sí mismos. Por eso, en estos tiempos de posverdad valoramos la información por lo que nos hacen sentir más que por la carga de datos duros que nos proporcione.

Una historia secundaria que fluye bajo las dos luchas principales del filme (la periodística y la de género), es el grado en que las administraciones de Kennedy y Johnson lograron seducir al periodismo haciéndolo sentir amigos y no hicieran las preguntas que debieron hacer. Es el remordimiento que siente Graham al hablar con McNamara, su amigo y cerebro del ocultamiento de las perspectivas de la Guerra de Vietnam al pueblo norteamericano. Pero también lo siente Bradlee cuando le confiesa a Kay Graham que nunca pensó en Kennedy como una fuente sino como un amigo. Ésa es otra enseñanza que deja el filme: hay una línea que no puede ser cruzada, entre periodistas y gobernantes, porque hacerlo implicaría perder el indispensable nivel de autonomía que exige el ejercicio de la profesión. Se encandilaron con el brillo de Kennedy y en la cercanía ideológica: pero dejaron de hacer las preguntas que debían ser dichas, más aún cuando una generación iba a morir al otro extremo del mundo por una causa perdida.



Con el mismo estilo clásico con la que Spielberg filmó “The Post”, Meryl Streep y Tom Hanks llevan a cabo actuaciones clásicas, limpias, serenas, exactas. Una mirada de confusión de Meryl Streep dice más sobre la tormenta interior de su personaje que cualquier línea de diálogo. Hanks tiene la sapiencia del veterano buen actor para esconderse detrás de su rol y que olvidemos que el Gran Tom Hanks (en mayúscula) está en la pantalla. Lo vemos a Ben Bradlee y su circunstancia. El elenco es parejo, sólido y creíble. No importa cuántas líneas de diálogo tengan. Cada intervención es precisa.

Una gran película. Posiblemente no haga mucho ruido. Porque el tema enjuicia al tipo de periodismo que se está realizando ahora. Y porque pone sobre el tapete el rol del periodista, definido en el lema del New York Times: “Todas las noticias que merecen ser publicadas”. Ni más ni menos.

Mañana, las mejores frases.



viernes, febrero 02, 2018

frases de “Apuesta maestra” 



Hace unos años se hizo una encuesta donde se le hacía a 300 profesionales una pregunta: ¿Qué es lo peor que puede pasar en el deporte? Algunos respondieron que perder un séptimo juego. Y otros dijeron que ser barridos en cuatro partidos. Otros, perder una Copa Mundial. Y algunos brasileños dijeron que perder con Argentina. No sólo en la Copa Mundial sino en cualquier momento, desde siempre, en cualquier evento. Pero una persona respondió que lo peor que puede pasar en un deporte es quedar en cuarto lugar en los Juegos Olímpicos.

Bien... entonces, ¿cómo pasó esto? Sucedió porque golpeé una rama de pino que se había congelado en la nieve. Y la golpeé con tanta precisión que simplemente rompió la unión de mi anclaje.

Nada de esto tiene que ver con el póker. Sólo lo menciono porque quería decirle al que sea que contestó que lo peor que podría pasar en era quedar en cuarto lugar en las Olimpiadas... de verdad: ¡vete al carajo!

-Léame lo que dice arriba.
-“Estados Unidos de Norteamérica contra Molly Bloom”. Apostaría fuerte al favorito.

-¿Qué piensas sobre los siguientes conceptos? Te los leeré. Matrimonio.
-Es una trampa.
-Sociedad.
-Es una broma.
-Gente.
-Creo que hay buenas y malas. Pero no confío en ellas. No confío en las personas.
-¿Quiénes son los héroes o heroínas en tu vida? ¿A quién realmente respetas?
-No tengo ningún héroe.

¿Qué les parece esa arrogancia? Incluso para los estándares de las adolescentes, parecería irracionalmente enojada por nada en particular. Pasarían otros 22 años antes de saber por qué.

-¿Te gustaría que te pagaran para ir a estudiar y que te den una maestría en cómo funciona la vida?
-¿Qué te hace creer que tú sí sabes cómo funciona y yo no?
-Soy un cliente habitual aquí y tú una mesera. Mira la maldita diferencia.

Yo. Yo soy tu trabajo.

¡No como rosquillas del puto Bluebell, Molly, porque es de pobretones!

Había considerado a Dean como un imbécil cuando lo vi. Pero en esa libreta había nueve nombres con los números de teléfono de algunos de los más ricos y famosos del mundo.

Siempre me imaginé que la sofisticación sería fácil de aprender si alguna vez la necesitaba.

Feo vestido. Horribles zapatos.

Y cuando acabó, ahí fue cuando Dean gritó: “¡Oigan! Denle propina a Molly si quieren ser invitados la otra semana”. “Denle propina a Molly”. En el fondo no me gustaba como sonaba eso. Pero eso fue en el fondo. Acababa de ganar tres mil dólares.

-¿Sabes cuántas brujas fueron quemadas en Salem?
-¿Cuántas?
-Ninguna. No quemaron brujas. Es un mito. Las colgaron. Las ahogaron o las aplastaron con pesadas rocas.

-Espera… ¿eres Molly Bloom, cierto?
-Sí.
-No te ves igual en las fotos.
-Ninguno en realidad.

-¿Sabe de mí?
-He sido informado un poco por mi hija que sabe mucho de su historia porque su madre es una idiota. Su madre lee los tabloides.
-Sí, yo también los leo.



Leí su acusación después que recibí su llamada anoche y compré su libro. Sólo voy por la página 112… Pero, Molly, ¿usted cometió un delito grave y luego escribe un libro sobre eso?

No quiero estropear el final pero es cuando el gobierno invadió mi negocio y se llevó todo mi dinero, asumiendo que todo fue hecho ilegalmente lo cual no fue así.

-¿Por qué hace que su hija lea “Las brujas de Salem”?
-Para que vea lo que le pasa a un grupo de chicas adolescentes aburridas cuando dicen puros chismes.
-Jamás leí la obra.
-Muchos la consideran la mejor obra del siglo XX.

Déjeme hacerle una pregunta. El personaje en el libro, al que llama Dean Keith, no dijo: “Rosquillas para gente pobretona”, ¿cierto? Creo que sé quién es. Creo que conozco a un abogado de bienes raíces que trabajó con él y renunció. Él dijo: “Rosquillas de negros”, ¿verdad?

-No me llamé a mí misma la Princesa del Póker.
-“Molly Bloom, la autoproclamada Princesa del Póker...”
-¿Ése es US Weekly? Estaría de acuerdo en que sería inusual para ellos imprimir algo que no fuese verdad, pero no es cierto y si piensa que una princesa puede hacer lo que hice, está muy equivocado. Entiendo que no tenga un buen concepto de mí pero, ¿qué pasaría si todas sus mal informadas y poco sofisticadas opiniones sobre mí estaban equivocadas?
-Estaría sorprendido.
-Sí, ¿sabe qué, amigo? Lo estaría.
-No me necesita. Lo que necesita es un publicista.
-¡No! ¡Necesito un maldito abogado!

-¿Cuándo fue la última vez que durmió?
-Hace un tiempo.

Siempre tienes que mirar hacia el frente. Si bajas la mirada… para ahí es adonde irás.

Mi padre es un terapeuta y profesor de Psicología en el Estado de Colorado. La segunda regla de su casa era que la excelencia académica y la excelencia atlética no eran opcionales. Y la primera regla era que él las hizo todas.

El Jugador X era de los que creía que el dinero ganado era dos veces tan bueno como el dinero recibido. Vivía para ganarle a la gente y llevarse su dinero.

Habían 47 mil dólares en el pozo y el invitado tenía en sus manos la mejor mano. Pero estaba empezando a confundirse porque le estaba hablando una estrella de cine.

El Salón Cobra puede haber pertenecido a Dean Keith. Pero el juego le pertenecía al Jugador X. A las personas les gustaba decir que jugaron con él del mismo modo que les gustaba decir que montaron un Fuerza Aérea 1.

El póker era mi caballo de Troya en el nivel más alto de las finanzas, la tecnología, la política, el entretenimiento, el arte.

La gente me ha preguntado cuál era mi meta en ese momento, cuál era mi objetivo final. En ese entonces, me habría reído de la pregunta. Fui criada para ser campeona. Mi meta era ganar. ¿En qué y contra quién? Esos eran sólo detalles.

La carrera de leyes puede esperar otro año.

Sólo en caso de que tu abogado no lo mencione, la próxima vez que te presentes delante del juez podrías repensar tu atuendo. ¿Bien? Te pareces a la versión Cinemax de ti misma.

-Sí, Su Señoría. Charles Jaffey por la acusada.
-¿Sólo por a propósito de esta audiencia?
-No, señor. Soy el abogado de Molly Bloom. Ella leyó la acusación, la discutió con su abogado, renuncia al derecho de que se la lean y se declara inocente.

Yo era una gran estudiante y una gran esquiadora en todas partes. Menos en mi propia casa.

A medida que crecía, comencé a provocar a mi padre sin saber realmente lo que estaba haciendo.

-¿Qué aprendieron hoy en la escuela?
-Aprendí que Sigmund Freud era tanto un misógino como un idiota. Y que todo el que confía en sus teorías de psicología humana es un cretino.

-A Barbara Linwood no le gustan los hombres, Molly.
-No le gustan los penes, papá. Hay una diferencia.



-Ignoro a mis profesores, cuido cómo hablo y respeto la mesa de la cocina. ¿Qué más necesito hacer antes de que pueda estar en desacuerdo contigo?
-Ganar tu propio dinero para que puedas vivir en tu propia casa y comer tu propia comida.

Un mazo de 52 cartas produce cientos de millones de patrones aleatorios. Pero cada vez que uno de ustedes pierde dos semanas seguidas, ¿crees que algo sospechoso pasa? Vamos...

Y si no tuvieras ese trabajo no tendrías el juego. ¿Entiendes lo que digo?

-Estás ganando miles en propinas cada semana, ¿por qué te preocupas por $450 a la semana?
-Porque no quiero ir a recoger tu ropa de la tintorería gratis.

-Necesito decirte esto muy claramente y necesito saber que lo entendiste.
-Dean.
-No eres importante, ¿me escuchaste? Y estás despedida. Del trabajo y del juego estás despedida.

¿Puedo darte un consejo? Quítate el aire de perra. Deja el aire de superior. Y ve a la oficina, busca tus cosas y sal de ahí antes de que llegue.

-Organizaré un juego en esta suite todos los martes por la noche. Si juegan esta noche, tendrán garantizada una silla por un año. Si prefieren jugar en el Salón Cobra, no habrán resentimientos.
-Juguemos.

El juego era mío ahora.

Hay un dicho en mi negocio. No violes la ley cuando estás violando la ley.

Estos tipos podían comprar cualquier cosa. Pero aquí, en esta habitación, no podías comprar la victoria. No podías comprarme, ni comprar a las chicas. Y no podías comprar un asiento en la mesa. No hay nada tan dulce como una victoria por la que te esfuerzas.

Estás suplicando que tu vida se convierta en un infierno muy público.

-¿Por qué simplemente no le das a tu esposa e hijos un descanso y los atropellas con una limusina?
-Me encanta la manera en que me hablas.

-Sabes… no me gusta jugar póker.
-¿Por qué lo haces?
-Me gusta destruir vidas.

Era Brad Marion, al que todos llamaban el Malo Brad porque era excepcionalmente terrible en este juego. Si hubiera un peor jugador en el mundo, Brad todavía encontraría una forma de perder contra él.

-Brad, este juego podría no ser para ti.
-Sé que no soy experimentado con las cartas.
-No, no lo eres. Aquí están tus pérdidas luego de diez semanas. Y has ganado... nunca. De hecho es una anomalía estadística.
-Sí, lo sé. Me gusta jugar con los chicos. No tengo muchos amigos. No me quites el asiento.

Resulta ser que el Malo Brad sabía lo que estaba haciendo. Estaba buscando clientes. Soltó cien mil en el juego y consiguió cuatro millones para su fondo de inversión libre. Diles quién es el listo esta semana.

-¿Estaban intervenidos mis teléfonos?
-No.
-Gracias a Dios.
-Estaban intervenidos los teléfonos de todos con los que hablaste.

Te ves como el gato que se comió al canario y luego se lo dijo a los padres del canario.

-Me gusta el libro. Buena historia, bien contada.
-Gracias.
-Pero necesito que lo repitas. Desde el principio y esta vez sin saltarte a los rusos.



Así que, para demostrar la santidad de la confidencialidad abogado - cliente, estás traicionando la confidencialidad de todos tus otros clientes.

Jugaba cerrado, no daba mucha acción y siempre tenía su dinero a buen recaudo, lo que significa que estaba manejando las probabilidades. En otras palabras: estaba jugando al póker mientras que los otros estaban apostando.

Harlan, el mejor jugador de la mesa, el mejor jugador de la mayoría de las mesas, estaba a punto de ser engañado por la victoria, de todas las personas, del Malo Brad. ¿Cómo? Porque Harlan nunca había jugado con Brad antes. Y aún no sabía que Brad era malo.

Harlan sólo perdió cerca de 40 mil dólares en esa mano. Pero un interruptor de corriente explotó y Harlan buscaba sangre ahora. La de todos.

Para las 5 de la mañana, Harlan bajó medio millón de dólares. Abandonó todo lo que sabía de póker y estaba jugando como un chico de fraternidad, abanicando por un home run en cada mano.

Ésa debería ser la segunda línea del obituario de cada jugador: “El Sr. Feldstein murió mientras intentaba volver a estar a mano”.

Harlan nunca se desquitó. Y nunca llegó a la fiesta de cumpleaños de su esposa. Solicitó el divorcio dos días después.

-Me desapruebas.
-No es personal.
-Se siente personal cuando charlas con cada chico del juego excepto conmigo.

-¿Sabes quién es el mayor ganador en este juego? Eres tú. ¿Sabes quién es el segundo mayor ganador?
-Mira...
-Tú.

Tu dinero es mi dinero.

Perdí el juego. Fue el siguiente martes. Un juego nocturno. Esperó hasta que supo que yo estaba de camino al hotel. Y luego me mandó un mensaje. Decía: “Vamos a jugar en el Salón de Dave esta noche. No hace falta que vayas”.

Hay un tipo que se sienta afuera de mi Starbucks con un letrero de cartón que dice: “Veterano de Vietnam”. Y cada mañana le doy 25 centavos. Y ahora mismo, la única diferencia entre tú y él, es que tú tienes una historia.

Apuesta en grande o vete a casa a vivir con tu madre por el resto de tu vida.

Te estoy negando el permiso para invalidar toda mi carrera.

El juego me había dado una identidad, respeto y un lugar definido, en un mundo que era inaccesible. Y en un latido irracional, me lo habían quitado. Fui irrelevante y olvidada en una noche.

Habían pasado dos semanas desde que perdí el juego e hice una cita para ver a alguien, porque ahora la humillación y la depresión habían dado paso a una cegadora ira por mi impotencia ante los caprichos injustos de los hombres. Era que no había reglas. Estos movimientos de poder no fueron enmarcados por el bien y el mal. Fueron sólo por el ego y la vanidad. Caprichos egoístas sin mirar las consecuencias. Sin equidad, sin justicia.



No podía perder ante esa mierda de pantalla verde y no quería que un terapeuta me hiciera sentir bien al respecto.

¿Saben qué me hace sentir bien acerca de perder? Ganar.

No podíamos prometerle a nadie que se codearían con estrellas de cine. Pero New York tiene una cosa que Hollywood no tiene: los Yankees. Y había un Yankee en particular con el que todos los hombres de Estados Unidos les gustaría perder.

-No digan su nombre en voz alta. Escríbanlo en una servilleta de cóctel, arruguen la servilleta, pónganlo en un vaso de agua para que vean cómo se disuelve la tinta.
-¿Eso es realmente necesario?
-No, no es necesario.

Tienes cientos de miles en la calle. Y ese dinero no lo vas a volver a ver.

La gente no se da cuenta de que los niños con fondos fiduciarios sufren en esta economía también.

Segundo: no intentes esto en el juego de nadie más porque si lo haces, van a expresar su ira de modos muy diferentes al mío.

Si no podía pagar, una vez, sería el final del juego. Yo era la casa. Así de rápido tomé la decisión. E igual de rápido, B calculó el 2% del pozo y lo sacó de la mesa. Eso fue todo. Acababa de tomar una parte, violando el Código Penal de los Estados Unidos de América de 1955.

-Sobre el juego de Brooklyn... ¿todo lo que he oído es verdad?
-¿Qué has oído?
-Que los rusos tienen bolsillos profundos, son malos en el póker, dan acción, pagan al instante y llevan abrigo y corbata.
-Todo es cierto.

-Yo me llamo Shelly. Sólo una letra diferente. Además, soy multimillonario. Creo que te he visto desnuda.
-No. Lo recordarías.

-Así que… espero que aceptes esto como garantía temporal.
-Eso es... un Monet auténtico.
-Lo agarré de la pared.

Si estás diciendo que todo lo que pasa desde el momento en que te arrestan está diseñado para persuadirte de que te declares culpable, estás en lo cierto.

-Hacienda puso un gravamen fiscal sobre el dinero que me quitaron.
-Estás bromeando.
-De acuerdo. Nada de eso importa. Tomar mi dinero no era un impuesto. También necesito darles mi dinero. O se lo llevarán otra vez.

-Cada vez que quieras huir de casa puedes ir a vivir conmigo.
-Luego descubrirás que no tiene casa y vas a volver conmigo.

-No hay ninguna ley que dice que no puedas golpearlo en la cabeza.
-Hay una ley que dice eso. Es lo primero que le enseñé a leer.

-Para que conste: la ley de 1955, de la que estoy acusada de violar, define el juego como apuestas en juegos de azar.
-Sí.
-El póker no es un juego de azar. La ruleta es un juego de azar. El póker es un juego de habilidad.

No parecía depresión. Se sentía más violento. Estaba cansada de vivir en la fraternidad que había construido para degenerados. Estaba cansada de la codicia. La mía, no la de ellos. La de todos. Estaba cansada de estar drogada todo el tiempo. Estaba harta de vivir en el área gris. No podía reconocerme a mí mismo y lo que reconocía. No podía soportarlo.

Soy la mujer con la que siempre todos ustedes han soñado. Soy la anti-esposa. Yo te animo a apostar.

-¿Sabes quién era Circe?
-Circe. ¿Jugaba en el juego de Teddy Chin?

Miraron alrededor del bar inconscientemente. Estaban fuera de su elemento. Y los tipos duros tratan de mirar más rudos cuando están inseguros.

A veces Dios actúa rápido. Mi cara había sanado lo suficiente para que un poco de maquillaje escondiera los moretones que habían quedado.

¿Por qué estás escondiéndote en el baño?

-Solamente en el teléfono intervenido de Mike Davidov, sólo en el de Davidov, su nombre aparece unas 19 veces. “Necesitamos a Molly”, “Busca a Molly”, “Trae a Molly”. Sugiere que eres importante para su negocio, así que es difícil para mí creer que alguien con su ingenio y obvio intelecto...
-Están hablando de la droga. “Busca la droga”, “Trae la droga”, “Necesitamos droga”, es... hablan de la droga, el éxtasis.
-¡Mierda!... mi oficina estuvo al lado de la tuya por dos años y te he visto hacer algunos movimientos estúpidos, pero nunca he visto a ningún fiscal meter la pata del modo en que lo acabas de hacer.

Ella pudo haber escrito un libro éxito de ventas y tener dinero de por vida. Fácil. Ella tiene el boleto ganador de lotería y no lo va a cobrar.

-Estos son unos guantes Chanel de cuero de US$800. Te los cambio.
-¿Unos guantes de US$800?
-Y te mantienen las manos calientes como uno de US$10.
-¿Señora, está bien?
-Sí. Me estoy despojando.

-Dobla tus rodillas.
-¿Papá?

-Escucha, no es gran cosa, pero por lo que vi allá afuera, creo que estás teniendo una pequeña crisis nerviosa.
-Es extraño. No puedo pensar en una razón.

-Quiero ver tu pulso.
-¿Encontraste un pulso?
-Sí. Sólo admiraba mi reloj.

Entiendo que no soy bienvenido en tu vida ahora mismo como tu padre aunque deberías saber que me importa una mierda si soy bienvenido o no. Pero no estoy aquí en calidad de tu padre. Soy indiferente a si tu padre vive o muere. Soy un terapeuta de altos honorarios y estoy aquí para darte una sesión gratis.

-Muy bien, vamos a hacer tres años de terapia en tres minutos.
-¿Cómo?
-Voy a hacer lo que los pacientes han estado pidiendo a los terapeutas que hagan por cientos de años... Sólo te daré las respuestas.

-No empezaste con las drogas hasta el final. No eran el problema, eran el remedio. Fue para que pudieras controlar a hombres poderosos. Tu adicción era tener poder sobre hombres poderosos.
-¿Eso es lo que realmente piensas?
-No. Lo sé con certeza. Ahora has completado tu primer año de terapia.

-¿Crees que fuiste un buen marido?
-¿Qué te importa?
-Me importa porque estabas casado con mi madre. Me preocupo porque mi padre es un idiota.
-Felicitaciones, has completado el segundo año. Y para que conste: tu padre crio tres niños con el salario de un profesor universitario. Uno de ellos es dos veces campeón olímpico, seleccionado en la sexta ronda de las Águilas de Filadelfia y un destacado filántropo. El otro es cirujano cardiotoráxico en el Mass General. Y la tercera, se las arregló para construir un negocio multimillonario usando no mucho más que su ingenio.
-Estoy a punto de declararme culpable en la Corte Federal.
-Bueno, nadie es perfecto.



-Última pregunta, Mol. Yo la responderé. Pero tú tienes que hacerla. Tienes que hacerla.
-¿Por qué no te gustaba tanto como mis hermanos?
-Ahí está.

Es porque sabía que lo sabías.

-No. Lo sabías desde que tenías cincos años. Me viste en el auto y realmente no sabías lo que viste. Lo sabías, cariño. Y sabía que lo sabías y así... y así es como reacciono a la vergüenza. Y tú reaccionaste mostrando desprecio por mí, conduciendo mi auto contra un McDonald' s.
-¿Y queriendo tener poder sobre hombres poderosos?
-No. Eso fue una cortina de humo para enfadarte.

Tropezaste con un palo. ¿Bien? Hace doce años, tropezaste con un palo. Fue una cosa entre un millón. Tropezaste con un palo. Eso es lo que hiciste mal.

Ahí está tu sesión. Es curioso lo rápido que puedes ir cuando no cobras por hora.

Soy tu padre. Tratar de comprender lo mucho que te quiero sería como tratar de visualizar el tamaño del universo.

-No sabía que te habían golpeado hasta que lo leí en tu libro. Fue una forma increíble de aprenderlo. Deberías saber que contrataré a alguien para encontrar al tipo que lo hizo. Luego voy a contratar a alguien para que lo mate.
-Ni siquiera bromees con eso.
-No lo hago.

-¿Sabías que conocemos a qué huele el centro de nuestra galaxia? Huele a ron y frambuesas. El centro de la galaxia es el formiato de etilo, que es el mismo gas que le da su olor al ron y a las frambuesas su sabor.
-¿Cómo sabes esas cosas?
-Para mantenerme ocupada durante los juegos, navegaba por Internet. Luego empecé a tomar cursos en línea. Estoy a 12 créditos de una licenciatura en astronomía. Ni siquiera sabía que estaba inscripta.

-Quiero agradecerte por lo que dijiste esta noche.
-Fue Stella quien me pidió que fuera tu abogado. Leyó el libro. La acusé de leer basura. Pero ella defendió el libro, impresionantemente. Y luego te defendió a ti. Eres su modelo a seguir.

No serás anónima, Molly. ¡Serás un blanco!

Guardaste sus secretos. ¿Dónde está la gente que estás protegiendo al no contar toda la historia en el libro, arreglando el caso de Brad Marion, al no tomar cinco millones de tu propio dinero para ir a prisión? ¿Adónde fueron todos?

-No son sus nombres los que protejo, Charlie. Es el mío.
-Eso es genial. Bueno, no tenemos el lujo de la integridad. Tienes que tomar el trato.

-Molly Dubin Bloom…
-Estaremos aquí toda la noche…
-…es mi nombre.
-…hasta que entiendas... Hasta que entiendas que a nadie le importa una mierda tu buen nombre.
-A mí sí.
-¿Por qué?
-Porque...
-¿Por qué?
-Porque... ¡Dime por qué!
-¡Porque es todo lo que me queda! Porque es mi nombre. “Y nunca habrá otro”.
-¿Ahora lees “Las Brujas de Salem”?
-Sí. Todos tienen razón. Es genial.

Y entonces algo pasó.

Este Juzgado está localizado de Wall Street. Lo sé por mi experiencia personal, tratando de cerciorarme de eso: los hombres y mujeres que trabajan allí cometen crímenes más graves hoy, a la hora del almuerzo, de lo que la imputada ha cometido en esta acusación.

Y en medio de todo, tan cordial como uno, la realidad comienza a arrastrarse hacia ti como la marea. Y esa es la primera vez que se te ocurre: “¿Qué hago ahora?”.

¿Algo bueno salió de esto? En realidad no. Pero aprendí algo alentador. Soy muy dura de matar.

jueves, febrero 01, 2018

la escena que explica todo 


APUESTA MAESTRA
data: http://www.imdb.com/title/tt4209788

Primera película que dirige Aaron Sorkin. Si usted no lo conoce, recuerde los diálogos de “The West Wing”, “Newsroom”, “Red social”, “Moneyball”, “Steve Jobs”. Él los escribió. Posiblemente, sea uno de los mejores escritores del medio audiovisual estadounidense. Es de esos guionistas de un estilo clásico, que se sostiene en las palabras, en el discurso. Y, como los buenos escritores, en lo que las palabras ocultan más de lo que dicen. Sus protagonistas son héroes inspiradores, personajes que sostienen una posición aunque sean incomprendidos por el resto. Y siempre terminan triunfantes, confirmando con su conducta la validez de sus ideas.

“Apuesta maestra” (pobre traducción de la original “Molly’s game”) tiene todos los signos del estilo Sorkin. Diálogos filosos, monólogos interiores, personajes en tensión, una protagonista que sostiene una posición que ningún otro entiende. Y como muestra excelsa del arte de Sorkin, una exquisita escena entre Kevin Costner y Jessica Chastain (padre e hija) que explica, con elegancia, cuál es el problema de Molly, la protagonista. Esa escena es la tesis de filme.



Hay una historia aparente en “Apuesta maestra”: la de Molly Bloom, una chica brillante, posible campeona de esquí olímpica que tronchó la carrera por un accidente y se reinventa organizando juegos de póker para los poderosos de Los Angeles y Nueva York. Contra la suposición de todos (incluyendo el Gobierno Federal), Molly sólo vive de las propinas de los juegos VIP que organiza. Pero deberá enfrentar la acusación del Gobierno que la pone contra la pared, dejándola sin un peso, para que declare en contra de los jugadores (entre ellos, estrellas de Hollywood y mafiosos rusos).

Ésa es la historia aparente. La otra, la que opera en segundo plano, es la confrontación de Molly contra los hombres de su vida. No tiene relaciones románticas. Pero pone toda su energía para oponerse a machos alfas y ganarles la partida. ¿Por qué? ¿Por un juego de póker? Con sentido freudiano, detrás de la confrontación de una mujer contra los hombres, se esconde la inconsciente necesidad de confrontar contra el Hombre Primigenio: su padre. En la mencionada escena, cerca del final, entenderemos porqué. Pisando la frontera del spoiler, nos cuidaremos de profundizar el punto. Pero para los que vean la película, tómense un tiempo para rememorar la historia desde un principio. Y notarán que hay un paralelismo entre la figura paterna (por ejemplo, en los consejos iniciales de su padre) con la cabalgata de los hombres que desfilan por su vida después del esquí (Dean, el Jugador X, los mafiosos de Nueva York). Todos comparten su egoísmo, su capacidad para arrebatarles su juguete, por simple capricho, por su sola posibilidad de poder hacerlo.



Molly no empatiza con los hombres. No hay romance en su vida. Porque compite con ellos. No quiere amar a un hombre. Quiere dominarlo. Porque los hombres se han impuesto en su pasado. Y como dice la protagonista en un momento de la película, lo único que se siente bien de perder, es ganar.

En este curso de colisión, Molly encuentra al único hombre que cree en ella, su abogado, Charlie Jaffey. Desde la desconfianza inicial, Charlie va sacando las capas de la cebolla que recubren a Molly. Empieza a entender que hay algo más en ella que lo que dicen los medios. Que su tozudez encierra cierta ética, ciertos principios, que la pueden llevar a su destrucción. Porque Molly está en el centro de la tormenta, aunque sea la que menos responsabilidades tiene para estarlo.

Hay un personaje menor, pero decisivo, para que Charlie entable relación con Molly: su hija Stella. Cuando Molly conoce a Charlie, lo ve estableciendo el patrón que una vez el padre hiciera con ella: buscando expandir sus límites, exigiendo un poco más de la niña. Pero la diferencia es que, en algún momento, Charlie le pregunta si no está pidiendo demasiado a la niña. En esa diferencia está la distinción con su padre.



El muy buen guion de Sorkin es engañoso por este doble juego. Para algún espectador desprevenido, sólo es la historia de una organizadora de juegos de póker. Pero eso es menor. El verdadero drama, el verdadero juego de Molly, es resolver el conflicto que tiene con su padre desde que era una niña. Y todas las pistas (como en los buenos guiones) están desplegados desde el primer momento.

Generalmente, los buenos libros opacan a los buenos actores. Parece como si el desempeño estuviera en piloto automático, como si hubieran tenido que esforzarse menos para lograr algo memorable, porque el autor lo hizo por ellos. Pero “Apuesta maestra” hubiera tenido menos brillo con otros actores que no fueran Jessica Chastain (linda la pelirroja), Idris Elba y Kevin Costner.

Una de las muy buenas películas de esta temporada de Oscars. No dejarla pasar.

Mañana, las mejores frases.

viernes, enero 26, 2018

frases de “3 anuncios para un crimen” 



¿Quiere pagar por tres vallas, en un camino que nadie utiliza a menos que se pierdan o sean retrasados, por un año?

-¿Qué expresa la ley, sobre lo que puedo escribir o no, en una valla? ¿Supongo que no se puede escribir nada difamatorio tampoco “mierda”, “orina” o “puta”, cierto?
-O... “ano”.
-Bueno… creo que estará bien entonces.

-Supongo que es la madre de Angela Hayes.
-Así es. Soy la madre de Angela Hayes. Mi nombre es Mildred.

-“¿Cómo, Alguacil Willoughby?”... ¿qué?
-¿Qué?
-Sí.
-¿Cómo…? ¿Qué, qué?
-¿Qué?

-Podría arrestarte ahora si quisiera.
-¿Por qué?
-Por vaciar tu cubeta allí. Va contra las leyes ambientales…
-Bueno... antes de que haga eso, oficial Dickson, ¿por qué no va a mirar esa primera valla de allá? Entonces, podremos hablar del puto medio ambiente.

-¿Pusiste esas vallas para seguir jodiendo a la policía?
-Ya están listas.
-Bien hecho. ¡Ve a joder a esos malditos policías!

-No va en contra de ninguna ley de propiedad o de otra mierda. Verifiqué todo esto.
-¿Y dónde verificaste esto?
-En un libro.
-¿En qué libro, genio?
-En uno llamado: “bésame el trasero, no es de tu incumbencia”.

No es difamación si ella sólo está haciendo una pregunta.



Me parece que la policía local está muy ocupada torturando personas negras como para preocuparse por hacer algo por resolver crímenes reales. Pensé que estas vallas quizás sirvan para enfocar sus mentes un poco.

-No sé qué está haciendo la policía, para ser honesta. Solo sé que el cuerpo quemado de mi hija está dos metros bajo tierra, mientras ellos comen donas y hostigan a niños de ocho años por patinar en el estacionamiento.
-¿Y qué tiene que ver el Alguacil Willoughby en esto?
-¿Él es el jefe de ellos, cierto?

Parece que tenemos una guerra en nuestras manos.

-No creo que esas vallas sean muy justas.
-En el tiempo que le tomó venir aquí y quejarse como una perra, Willoughby, probablemente otra pobre chica esté siendo asesinada justo ahora. Pero me alegra que tenga definidas sus prioridades, debo reconocer eso.

-Hay algo más, Mildred. Tengo cáncer. Estoy muriendo.
-Lo sé.
-¿Qué?
-Lo sé. La mayoría en el pueblo lo saben.
-¿Seguirás colocando esas vallas?
-Bueno, no serán tan efectivas después de que se muera, ¿cierto?

Sé que el historial de los derechos humanos en Cuba es muy deplorable cuando se trata de la homosexualidad. ¿Pero matarlos? ¿Seguro que no estás pensando en Wyoming?

¿No es hora de regresar a la casa de mami, Dixon?

¡Oye, Robbie! ¡Creo que el enano quiere acostarse conmigo...! Padre Montgomery…

Sé lo difícil que ha sido para ti, Mildred, el año pasado. Todo lo sabemos. Y si hay algo que necesites estaremos allí. Siempre. Pero el pueblo también sabe qué clase de hombre es William Willoughby. Y el pueblo está completamente en contra de esas vallas suyas.



Toda esa situación es parecida a la de los chicos de su iglesia, ¿cierto? Tienen sus colores, tienen su casa club, son, en otra palabra, una pandilla. Y si están arriba fumando una pipa y leyendo su Biblia mientras sus amigos, miembros de pandillas, se cogen a un monaguillo, bueno... Padre, son igual que esos Crips y esos Bloods... Son culpables. Porque se unieron a la pandilla, hombre. Y no me importa si nunca hicieron una mierda o nunca vieron u oyeron una mierda. Se unieron a la pandilla: son culpables. Y cuando una persona es culpable de cogerse a un monaguillo o de cogerse a cualquier chico... porque sé que ustedes realmente lo minimizan... entonces, ustedes pierden el derecho de venir a mi casa y decir cualquier cosa sobre mí, de mi vida, de mi hija o de mis vallas. Bien, ¿por qué no termina su té, aquí, Padre? Y se va de mi maldita cocina.

-¿Cómo te has sentido, Bill?
-Oh… como si tuviera cáncer en un órgano principal.

-¡Deja de leer malditos cómics y dame el archivo del caso de Hayes!
-¿El caso de Angela Hayes o el caso de Mildred Hayes?
-No hay un caso de Mildred Hayes.

-¿No hizo una visita al dentista hoy, cierto?
-No.
-¿Qué?
-Dije: “no”.
-¿Entonces no fue usted quién perforó un pequeño agujero en la uña del dedo grande del gordo Geoffrey, no?
-Claro que no.
-¿Qué?
-Dije: “claro que no”.
-¿Le hiciste un agujero al dentista?
-No, Denise. No lo hice.

-Y… ¿cómo va el negocio de la tortura de negros, Dixon?
-Se dice negocio de tortura de “personas de color” en estos días.

Si se deshace de cada policía con vagas inclinaciones racistas, entonces tendrá tres policías y todos ellos van a odiar a los maricas. ¿Entonces, qué hará, ya sabe?



-No quise...
-Lo sé...
-Fue un accidente...
-Lo sé, cariño. Es sangre. Iré por alguien...

-Las aves. ¿Contraen cáncer?
-No lo sé. Los perros lo hacen.
-Sí, bueno, no hablaba de los perros, ¿o sí?

El buen camino a casa “Violada mientras moría”. Como si no hubiera dos segundos en el día en el que no pensara en ella o en cómo murió.

-Necesitaremos que te quedes unos días, Bill. No deberías toser sangre.
-Sí. Ya lo había adivinado, doctor.

¡Al chico le crecen cereales en el maldito cabello!

-¡Oh! Necesito usar el baño, pero si hay algún inconveniente… de hecho hay un inconveniente, ¿no es así?... puedo verlo es un inconveniente… puedo aguantarme, está bien...
-Es la primera puerta, bajando de la sala.
-¿Seguro? Siento que estoy invadiendo...
-¡Solo ve a orinar!
-Bien.

-Las vallas no la traerán de regreso, Mildred.
-Tampoco una maldita chica de 19 años, Charlie.
-Sí... pero yo sé eso…

Sólo soy una mierda de padre y tú, una grandiosa mamá. ¿Cierto? ¿Entonces, por qué una semana antes de que muriera, se acercó a mí y me preguntó si podía mudarse conmigo?

-¿Qué pasa con esa nueva actitud rigurosa, Dixon? ¿Tu mamá te ha dado consejos?
-No. Mi mamá... no hace eso…

Aún sin arrestos. ¿Cómo, me pregunto? ¿Por qué no hay un Dios y el mundo está vacío y no importa lo que nos hagamos entre nosotros? Espero que no. ¿Cómo viniste aquí de la nada siendo tan bonita? No tratas de hacerme creer en la reencarnación o algo parecido, ¿cierto? Bien… eres bonita. Pero no eres ella. Ella fue asesinada. Y ahora está muerta para siempre.

Cuando no puedes confiar en los abogados ni en los publicistas... ¿en qué diablos se ha convertido Estados Unidos?

-Él está muriendo, Mildred.
-¡Todos estamos muriendo!



-“Este dinero está destinado al fondo de las vallas de Mildred Hayes porque ella no es la única aquí que odia a los cerdos. Firma: un amigo”.
-¿Supongo que no puedes escoger a tus amigos en estos días, no?

-No hueles a vómito. Lo que es bueno.
-Aquafresh. Un truco que aprendí.
-¿Eres mujer, cierto?

-Tiene un verdadero pene genial, señor Willoughby.
-¿Eso es de una obra? “Tiene un verdadero pene genial, señor Willoughby”. Creo que escuché eso en una de Shakespeare una vez.
-Tonto. Es Oscar Wilde.

NO ABRIR LA BOLSA. SÓLO LLAMAR A LOS CHICOS.

Mi querida, Anne. Hay una carta más larga en el mueble de la ropa que he escrito en las últimas semanas. Esa nos protege a nosotros y mis memorias de nosotros y lo mucho que siempre te he amado. Ésta sólo nos protege esta noche y, aún más importante, de este día.

Éste no es un caso de “vine a este mundo solo y me iré solo”, o cualquier cosa tonta como ésa. No vine a este mundo solo: mi mamá estaba allí. Y no me iré solo... porque tú estabas allí... ebria en el sofá haciendo bromas de pene de Oscar Wilde.

Tus recuerdos finales de mí, serán de nosotros al lado del río y ese tonto juego de pesca en el que creo que ellas hicieron trampa...

Quédate con este día, amor, porque fue el mejor día de mi vida. Besa a las niñas por mí y entérate de que siempre te he amado. Y quizás te vea de nuevo si hay otro lugar. Y si no lo hay… bueno, ha sido el cielo conocerte a ti. Tu chico... Bill.

¿Ves, Red? Tengo problemas con los amigos blancos, también.

¿Sabes quién arrojo esa lata?

-¿Cómo van las cosas con el caso de Angela Hayes?
-¿Cómo van las cosas con el caso “Métase en sus malditos asuntos”?
-¿Cómo van las cosas con “entrégueme su arma y su placa”?

Escuche. No puedo encontrar mi placa. No, en serio… quizás la perdí...

-Creo que acabo de ser despedido. Despedido o suspendido. No estoy seguro...
-Despedido.

-Me debe siete malditos dólares por el conejo.
-¿Supongo que tendrá que quitármelos la próxima vez que pase, no Mildred?

No estoy segura de lo que haremos el resto del día. Es difícil saber qué hacer el día que tu esposo se mató.

Yo decidí pagar el siguiente mes de alquiler de las vallas. Pensé que sería gracioso. Tendrás que defenderlas otro mes entero, después de que me entierren. Ja, Ja, Ja. La broma está contra ti, Mildred, y espero que ellos no te maten. Así que buena suerte con todo eso y buena suerte con todo lo demás, también. Espero y rezo para que lo atrapes.

-¿Te darán algo de dinero por ser despedido y todo eso?
-No sé cuál es el esquema de compensación por arrojar a un sujeto por la ventana, mamá. Supongo que debería de haber investigado eso antes. ¡Déjame buscarlo en Google!

-¿Qué harás, Mildred? ¿Los crucificarás, cómo dijiste?
-Sí, voy a crucificarlos.
-¿A quién crucificarás? ¿A los hijos de puta?
-¡Sí! Crucificaré a los hijos de puta.
-Bueno, será mejor que esos hijos de puta se cuiden.

Esto no le pone un final a nada, maldita retardada. Éste es solo el comienzo. ¿Por qué no pones eso en tu maldito programa “Buenos días, Missouri”? ¡Perra!

Creo que tienes las cualidades para ser un verdadero buen policía, Jason... ¿Y sabes por qué? Porque en el fondo eres un hombre decente. Sé que tú no crees que yo pienso eso, pero lo hago, pedazo de mierda. También creo que estas muy enojado, sin embargo... Y sé que todo empezó desde que tu papá murió y tuviste que cuidar después a tu mamá y todo eso. Pero mientras mantengas mucho odio, no creo entonces que vayas a convertirte en lo que sé que quieres convertirte... en un detective. Porque tú sabes lo que necesitas para convertirte en un detective. Y sé que vas a retorcerte de dolor cuando diga esto. Pero lo que necesitas para convertirte en un detective es amor. Porque a través del verdadero amor, viene la calma. Y a través de la calma viene el pensamiento. Y necesitas pensamiento para detectar cosas algunas veces, Jason. Eso es todo lo que necesitas. No necesitas un arma, incluso. Y definitivamente, no necesitas odio. El odio nunca ha resuelto nada. Pero, la calma sí. Y el pensamiento, sí. Inténtalo. Inténtalo solo como un cambio. Nadie pensará que eres gay. ¡Y si lo hacen, arréstalos por homofobia!



Eres un hombre decente y sí, has tenido una racha de mala suerte. Pero las cosas van a cambiar para ti... Puedo sentirlo.

-¿Entonces, quieres salir a cenar la próxima semana?
-Saldré a cenar contigo. Pero no voy a coger contigo.

¡Y deja de llorar! La sal solo jode tus heridas.

Está bien. Me gusta sostener escaleras.

-¿Aún quieres colocar el de Willoughby, él murió y todo eso?
-¿Por qué no? Él pagó por eso.
-Cierto.

¿Penélope, dijo “engendra”?

Sé que soy un enano que vende autos y tiene problemas con el alcohol. Lo sé. ¿Pero quién diablos eres tú? Eres la mujer de las vallas que nunca sonríe, que nunca tienen nada bueno que decirle a nadie y que, por las tardes,... ¡inicia un maldito incendio en la estación de policía! ¿Y soy yo el que no es mucho? ¡Oye! Sabes, ¡no necesitaba sostener tu escalera!

-¿En serio le dijiste, “ira engendra más ira”?
-¡Oh! ¡Sí! ¡Lo hice! ¡Aunque no lo pensé yo! ¡No puedo reclamar eso! No. Lo leí en un marcador. De un libro que estaba leyendo. Sobre polio. ¿Polo, no? ¿El de los caballos? ¿Polio? ¿Polo?

Sé amable con ella, Charlie. ¿Lo entendiste?

-Así que quería que lo supieras pronto. No quiero darte esperanzas, ¿sabes?
-He tratado de no hacerlo.
-Bueno, todo lo que puedes hacer es intentarlo, como dice mi mamá.

¡Oye, Dixon! Gracias…

Lo hiciste bien, Jason. Lo hiciste muy bien. Pero él no era el sujeto.

Encontré mi placa, después de todo.

-Lamento haberte dado esperanzas.
-Está bien. Al menos, tuve un día de esperanza. Es más de lo que he tenido por un tiempo.

-Bueno... sé que no es el violador de ella. Es un violador, sin embargo. Estoy seguro de eso.
-¿Qué tratas de decirme?
-Tengo su matrícula. Sé dónde él vive.
-¿Dónde vive?
-Vive en Idaho.
-Eso es gracioso. Conduciré a Idaho en la mañana.
-¿Quieres algo de compañía?

-Oye, Dixon.
-¿Sí?
-Necesito decirte algo. Fui yo quien incendió la estación de policía.
-Bueno… ¿quién carajos más hubiera sido?

-¿Dixon?
-¿Sí?
-¿Estás seguro de esto?
-¿De matar a este tipo? No, en realidad. ¿Y tú?
-No, en realidad. Supongo que podemos decidirlo en el camino.

jueves, enero 25, 2018

en la maraña del odio 


3 ANUNCIOS PARA UN CRIMEN
data: http://www.imdb.com/title/tt5027774

Martin McDonagh asoma en el radar del cine como un director distinto. Nos regaló dos películas que llamaron la atención: “Escondidos en Brujas” y “Siete psicópatas”. Y ahora repite con una película entre las mejores que veremos este año. Su estilo es peculiar: hay humor, hay drama, hay personajes fuera del promedio, hay mucha emoción y un trío de actores que dan una clase de actuación. Lo peor que le puede pasar a “3 anuncios para un crimen” es que el público le huya por su temática, una madre que llama la atención para que no se empantane la investigación por la violación y crimen de su hija. Porque “3 anuncios…” no es una historia policial. Es una historia de cómo el odio nos afecta, como transciende a una comunidad y de cuál es el tortuoso camino para iniciar el camino de retorno cuando estamos a su merced.

La protagonista es Mildred Hayes, una mujer de fuerte temperamento, atravesada por un dolor: el cuerpo de su hija adolescente apareció quemado en las afueras de Ebbing, un pueblito de Missouri. El análisis forense arrojó otro dato aterrador: la joven fue violada mientras agonizaba. La investigación policial se encuentra estancada. Y Hayes intuye que el autor del crimen no será atrapado.



La bronca de Mildred apela a un último recurso para que el caso no caiga en el olvido: alquila tres carteles publicitarios, en las afueras del pueblo, con sendas sencillas frases. Primero: “Violada mientras moría”; segundo: “¿Aún sin arrestos?”; tercero y último: “¿Cómo puede ser, Alguacil Willoughby?”.

Esos avisos son un golpe directo al mentón, no sólo de la policía de Ebbing sino a la población entera. Mildred Hayes se convierte en una enemiga del pueblo, un ser molesto para la comunidad que comprende su dolor pero no avala su cuestionamiento al Alguacil Willoughby, un hombre de bien, un policía honesto, un padre de familia con una enfermedad terminal.

A partir de allí, “3 anuncios…” desarrolla la trama, con un conflicto a tres bandas. Una es Mildred Hayes, enfrentándose a su familia (su hijo y su ex marido); otro es el propio Willoughby, que lucha con su propio final y con la resolución de un caso que no tiene resultados a la vista; y el otro, es Dixon, un personaje muy especial en esta historia. Dixon es el típico policía racista, con denuncias de torturas de afroamericanos, alcohólico, a cargo de una madre que lo domina, tan xenófoba como él, en suma, un inútil que es una mancha para la institución. Pero Willoughby lo avala, ve en él, algo que ni el propio Dixon ve: el potencial de un buen policía. Pero sabe también que Dixon está poniendo su carrera y su vida en riesgo.



Las interacciones de estos tres personajes sostienen la trama de “3 anuncios…”. Es un triángulo dramático clave. Porque el guion de Martin McDonagh se mueve por otro camino, alejándose de lo que esperamos al ver la primera escena. “3 anuncios…” no será una película sobre la investigación de un crimen. Tampoco un drama sobre una muerte. McDonagh elige reflexionar sobre el odio. Y sobre lo que el odio hace con nosotros.

Los tres personajes básicos están embebidos en el odio, un odio nacido por la frustración del destino. Mildred por la muerte de la hija y por la culpa de unas palabras dichas en el fragor de una discusión que no debieron nunca ser pronunciadas en voz alta; Willoughby porque está por morir y deja sin protección a su amada esposa y sus dos pequeñas hijas; Dixon porque tiene que cargar con su madre enferma, tras la muerte de su padre y lidiar con su cotidiano menosprecio.

¿Cómo reaccionan los tres personajes que conviven con el odio? Del mismo modo: con agresión. Un reflejo instintivo. Un deseo de confrontar sin importar el objetivo. Un deseo implícito de que los otros sufran del mismo modo que ellos están sufriendo. Y esa es la clave: detrás del odio, está la frustración, la sensación que el destino ha jugado en contra y que todas las certezas que sostenían nuestras vidas, se derrumbaron como un castillo de naipes.

“3 anuncios…” muestra a los personajes en el clímax de su temporada en el arrabal del odio. Y todo se tuerce hasta llegar al punto en que la telaraña del odio empieza a desmontarse. Willoughby es el primero en dar el paso. Se está despidiendo de la vida. Y con un par de cartas, acerca a los otros dos personajes del triángulo, dándoles el empujoncito para cambiar.

“A través del verdadero amor, viene la calma. Y a través de la calma viene el pensamiento” escribe Willoughby en su despedida a Dixon. Es la tesis del filme.



El guion de Martin McDonagh es lúcido, sutil, combinando muy buenos diálogos con momentos emotivos. El libro funciona porque los personajes son capaces de arrojarnos una frase humorística en el momento de mayor intensidad dramática. Con mucha maestría, evita caer en golpes bajos y sensibleros.

Y el otro cómplice para realzar el brillo del texto, es la actuación del terceto protagonista. Frances McDormand nos da una de sus habituales interpretaciones donde, con solo alzar una ceja, transmite la intensidad del personaje. Es deliciosa su actuación, medida, intensa, cercana. Woody Harrelson es el segundo punto alto, en un personaje hecho a medida. Y Sam Rockwell proporciona el personaje con más variantes, el que pasa del desprecio al afecto del espectador. Este triángulo eleva al filme y lo torna en memorable.

Señor visitante de esta página: hágame caso, no deje pasar a “3 anuncios…”. Me lo va a agradecer.

Mañana, las mejores frases.

jueves, enero 18, 2018

ver las personas que tenés al lado 


PEQUEÑA GRAN VIDA
data: http://www.imdb.com/title/tt1389072

Tengo una relación ambigua con las películas de Alexander Payne. Les reconozco su inteligencia y el nivel de sutileza. Pero las encuentro de cierta frialdad, cierto pecado de intelectualidad que dificulta empatizar con sus historias. Y cuando vi los trailers de “Pequeña gran vida” me sorprendió el género utilizado, una comedia con toques de ciencia ficción. La crítica local no trató con gentileza esta nueva película de Payne, cosa rara porque es un artista estimado por los críticos. Pero esta ocasión la opinión mayoritaria fue separar las cosas: una brillante primera parte; un desenlace flojo. Bueno, como vengo a contramano de la crítica, no se extrañen que ésta es la película de Alexander Payne que más me gustó. Básicamente por encontrarle humanidad a sus personajes, confundidos en la búsqueda de un mundo mejor. Las peores perspectivas amenazan al género humano, pero en la ácida comedia de Alexander Payne todo se reduce a mirar más al tipo que tenés al lado que a buscar la salvación de la humanidad. Tal vez esa crítica al activismo progresista (que mira al conjunto para no tener que ocuparse del individuo) sea la que no terminó de conformar a nuestros críticos bienpensantes.

En el mundo de “Pequeña gran vida”, la gente puede reducir su tamaño por medio de un tratamiento científico irreversible, con lo que automáticamente logran una disminución crucial de sus consumos. Tiene un doble beneficio: el impacto ambiental de cada humano se reduce; el costo de vida también porque el espacio, los alimentos, la vestimenta, todo se reduce proporcionalmente. Paul Safranek, el protagonista, es un tipo servicial que ayuda a otros a superar patologías de posición (dolores de espalda, de articulaciones, etc.). Está casado, viven en el hogar que le dejó su madre y notan que se van retrasando económicamente respecto a otros de su generación. La opción de la reducción es una oportunidad que brilla por sus beneficios.



Finalmente, Paul y su esposa Audrey deciden someterse al tratamiento e ir a vivir a Leisureland (literalmente, Tierra de Ocio), un barrio privado para personas pequeñas. Cuando Paul despierta del proceso de reducción, se entera que Audrey se arrepintió a último momento. De pronto, el sueño se convirtió en pesadilla. Está solo, reducido, en un nuevo mundo.

Esa primera parte de “Pequeña gran vida” es, además de ingeniosa, bastante ácida. Vemos que hay una insatisfacción laboral y existencial en Paul. Es un tipo que ayuda a otros pero no hay una devolución de la gente que lo rodea. El personaje de Audrey (breve aparición de Kristen Wiig) es un buen ejemplo de cómo lo tratan a Paul. En el llamado telefónico post-reducción, Audrey empieza pidiendo perdón y termina diciendo: “Debería haber pensado más en mí misma”. Es un buen indicador de cómo era la relación entre Paul y Audrey. Ella acaba de traicionarlo, dejándolo solo en una instancia que altera para siempre su vida, pero se da el tiempo para acusarse por no haber considerado sus propios deseos. Parece que Paul repite esas relaciones en la que él da y no recibe retribución a cambio. El breve momento de su madre es el antecedente de ese mecanismo de sometimiento a los deseos de otro.



En Leisureland, todo ha cambiado para Paul. No debe preocuparse de lo económico. Está libre para trabar nuevas relaciones. Pero todo es incomodidad en su vida. No sabe dónde cuadrar. El cambio de mundo no ha mejorado su condición. Porque, muy posiblemente, su problema no haya sido las limitaciones que encontró en el mundo de los “grandes”; su insatisfacción estaba en su interior.

Ésa es una de las primeras reflexiones del filme, la forma en la que gente imagina mundos ideales en dónde podría llevar una vida distinta. Leisureland es la alternativa del mundo ideal en el universo de “Pequeña gran vida”. Pero una vez que están ahí, la gente tiene las mismas dificultades que en su vida anterior. Visto de lejos, Leisureland es el mundo idílico donde se puede vivir tomando champagne y comprando diamantes por menos de cien dólares. Al rascar la superficie, se observa que las mismas diferencias del mundo normal, se replican en esa utopía. Es una de las primeras lecciones de “Pequeña gran vida”: no hay lugar donde esconderse. Puedes tener la ilusión de vivir en la burbuja y olvidarte de los problemas cotidianos. Pero es sólo una ilusión. Los problemas siguen ahí y gran parte de la vida es cómo lidiar con ellos.



Paul está en una inestable estabilidad que alteran dos personajes. Uno, Dusan, su vecino, un tipo simpático, traficante ilegal, fiestero, dispuesto a vivir la vida. Ese personaje le altera parcialmente la vida porque es el primero que le aconseja sobre salir al mundo y ver lo que le espera afuera. Y por él, conoce a Ngoc Lan Tran, la disidente vietnamita, reducida a la fuerza, con una pierna menos y que sobrevive en los barrios marginales de Leisureland. Lo que Ngoc Lan Tran le da es el amor y una razón para vivir: ayudar a los otros.

Ésa es la otra reflexión que toma el filme en la segunda mitad (la que menos le gustó a los críticos). Es la tesis central del filme. A veces, los humanos caen en la tentación de sobreponer las necesidades de la Humanidad (en mayúscula) a la de los propios humanos que la componen. El bosque impide ver el árbol. Lo que Ngoc Lan Tran le da, con su ejemplo, es observar al batallón de perdedores y tenderle la mano. En contraposición, en la resolución del filme, Paul deberá sopesar esas alternativas: ser parte de algo más grande o ayudar al que está al lado.



En ese desenlace, Alexander Payne desliza una postura no correcta desde el punto político pero profundo desde lo humano. Payne parece tomar en sorna a todos los grandes movimientos, desde el hiperconsumo capitalista hasta el ecologismo. Todas son filosofías que intentan distraernos de nuestra pequeñez, que nos permiten llevar esa hipócrita satisfacción de estar participando de algo grande, mientras a nuestro lado caen miles. Payne toma posición en una de las últimas escenas del filme, cuando Paul lleva comida a uno de los ancianos pobres de la barriada miserable. Paul le da la comida, lo saluda y se va porque Ngoc Lan Tran está tocando la bocina del auto afuera. Pero se detiene un momento y lo mira. Ésa es la elección del personaje y una reafirmación ética: darse el tiempo para ver el sufrimiento humano. Y aportar lo que se pueda para paliarlo. No está la utopía de resolver todos los problemas de la sociedad; sólo mejorar el día de la persona que tenemos al lado.

Pequeño en sus aspiraciones, Paul encuentra la paz en esa satisfacción del deber cumplido. Ha cumplido. Ese día el mundo es mejor por su acción que cuándo se levantó. No hay mucho más que pedir, tal vez. En esa sabiduría profunda del día a día, en un mundo que se cae a pedazos y enfrenta su extinción, Paul apuesta por la validez del bien y del abrazo humano.

Esa idea no parece menor. Controvertida, tal vez. Pero es una moraleja muy humana, cálida, alguna de las cosas que no nos terminaban de identificar con las anteriores películas de Payne. Aquí, creemos, sube ese escalón y, con la sutileza que lo caracteriza, nos sugiere que tal vez, con menos militancia y más caridad, el mundo podría llegar a ser un lugar mejor.

Nos gustó “Pequeña gran vida”. Está para recomendar.

Mañana, las mejores frases.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?