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críticas chatarras

jueves, septiembre 10, 2015

el toque lubitsch 

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TERAPIA EN BROADWAY
data: http://www.imdb.com/title/tt1767372
BILLY WILDER: ¡Dios mío, Lubitsch se ha ido!.
WILLIAM WYLER: Lo peor de todo no es que se haya ido Lubitsch, sino que ya no veremos más películas suyas.
claqueta.es
Burbujas de champagne estallando en el paladar; vaivén de un vals aferrado a la cintura de una rubia platino; brisa fresca soplando en la frente de un mediodía primaveral de sol; abrir la ventana del balcón y volar; barrilete remontado en el zaguán de un edificio de rentas de principios del siglo XX.

Indefinible. El toque Lubitsch. Ese estilo ligero, inteligente y sutil de las comedias del judío alemán Ernst Lubitsch que llegó a Hollywood escapando de los nazis e impuso algo tan indefinible como tangible, un clima que permitía evadir el código de censura y sonreír con el cerebro. A películas como “Ser o no ser”, “Ninotchka”, “El bazar de las sorpresas” o “El diablo dijo no”, le rinde culto Peter Bogdanovich con “Terapia en Broadway”. Y el resultado es una ligera comedia, amable, irónica, liviana y graciosa, con diálogos brillantes y personajes deliciosos. Y es el testimonio, también, a un tipo de cine extinto, una manera de filmar que sólo puede practicarse como ejercicio arqueológico.

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Películas como “Terapia en Broadway” sólo pueden practicarse desde la vereda de la referencia cinéfila, del pacto tácito con el espectador de proponerle: “¿Dale que vamos a hacer una película como las hacía Lubitsch?”. Esa proposición es muy diferente a hacer una película con el toque Lubitsch, implica una imitación que opera como tributo, como homenaje. Pero que a la vez es la prueba fehaciente de que no se puede hacer en serio una película como las que hacía Lubitsch hoy en día. Básicamente, porque hubo una mutación del espectador cinematográfico tal que hace imposible que se vea hoy una película de este tipo con la inocencia de la primera vez. El espectador contemporáneo (con una media semanal de historias audiovisuales superior a la del pasado) anticipa este tipo de tramas, descree de la verosimilitud de estas historias, juzga el espesor psicológico de los personajes. El espectador actual ha pagado el precio de la pérdida la inocencia. Disfruta menos del acto cinematográfico. Cada vez se necesitan piruetas más complicadas, más audaces, más retorcidas para llamar su atención. El estilo Lubitsch converge hoy a lo naif.

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Como cita cinematográfica, “Terapia en Broadway” funciona. Sonreímos, nos dejamos llevar con los idas y vueltas de los personajes, revueltos por el azar en un incestuoso cortejo. A la gracia del guión del propio Bogdanovich y Louise Stratten, lo potencial un elenco con mucho carisma, que juega con mucha eficiencia este juego a lo Lubitsch. Imogen Poots brilla como la protagonista central, la chica de Brooklyn que pasa de prostituta a estrella de Hollywood (alter ego de la Muñequita de Lujo de Audrey Hepburn). Agreguen los momentos de Jennifer Aniston en un papel delicioso (una psicóloga más pirucha que sus pacientes). Y un elenco surtido que acompaña como Kathryn Hahn, Owen Wilson, Rhys Ifans y los cameos de Cybill Shepherd y Richard Lewis.

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Pero atención: “Terapia en Broadway” funciona si el espectador se digna a firmar este pacto de suspensión de la incredulidad inicial y acepta el juego de ver una comedia a lo Lubitsch. Y el contrato se firma en la escena final con la fugaz aparición de Quentin Tarantino y del segmento de “Clunny Brown” de Lubitsch. Esa es la rúbrica, la confesión de parte del director, del juego que juega Bogdanovich y al que nos invita a jugar, sentados con sus juguetes, en su patio de celuloide y luz proyectada.

Aquellos que se tomen en serio la historia que cuenta “Terapia en Broadway”, dejando de lado toda la cinefilia que contiene, la despreciaran. Porque se quedan con una sola dimensión de una película que está planteada, desde el principio, como una película con más de una capa.

Amantes del juego: no la dejen pasar. Resto, abstenerse.

Mañana, las mejores frases.

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