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críticas chatarras

jueves, octubre 14, 2010

en el pozo 

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ENTERRADO
data: http://www.imdb.com/title/tt1462758/

Cuentan que el español Rodrigo Cortés ya se había ganado la fama de joven director talentoso pero sin éxito, tras el fracaso comercial de “Concursante” (con nuestro Leo Sbaraglia). También que el guionista Chris Sparling había deambulado por Hollywood, con una copia de “Enterrado”, sin conseguir que nadie le filmara una película imposible (sic) de filmar. ¿Cómo se podía mantener la atención del espectador con una historia que pasa, íntegramente, adentro de un ataúd? Afortunadamente, esos tipos le metieron para adelante y siguieron con su idea, haciendo caso omiso de los “expertos” que nos dicen cómo vivir. Cruzaron sus caminos y Cortés se animó a tomar la oportunidad que otros, sencillamente, dejaron pasar. Admirador de Hitchcock, Cortés es partidario de nuestro club: una historia se sustenta por su tensión dramática. Dos tipos sentados alrededor de una mesa, pueden mantener atrapado al espectador, mucho más que un mercenario revoleando bombas y misiles. Como ejemplo, basta ver el final de “Kill Bill” con David Carradine y Uma Thurman cruzándose munición pesada, mesa por medio.

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Hay algo, sin embargo, que nos apena de “Enterrado”: la posibilidad de que, todo ese ingenio puesto al servicio de una película que maximiza los escasos recursos, sea incomprendido por una platea que ya tiene el cerebro aturdido de tanto masticar pochoclo.

La primera escena del filme es una larga toma con la pantalla negra. Nos prepara para ir metiéndonos en la trama: un conductor de camiones secuestrado en Irak y enterrado vivo en un ataúd, junto a un encendedor y un celular, al que le exigen un rescate so pena de dejarlo morir. Me tocó ver esta película un día miércoles, en una sala del Hoyts. Lamentablemente, el silencio de esos primeros minutos se ve perturbado por el crujir de los pochoclos y los comentarios en voz alta de un público que había ido a ver “una de miedo”. El transcurrir de la película no dio posibilidades: parte del público se reía de escenas de alta tensión dramática, no porque hubiera algo para reírse, sino porque el público adolescente sabe que toda película de terror tiene momentos para reírse. Por eso se reía. Porque había que reírse aunque lo que hubiera en pantalla no daba para ello.

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Sospechamos que ese error de marketing de la distribuidora va a atentar contra el filme. “Enterrado” es un thriller, no una película de terror. Es otro el público objetivo y van a quedar decepcionados unos y otros. Los que podrían disfrutar de la simplicidad y elegancia de este filme, lo van a descartar por creer que es “otra de miedo”. Y los gansos que pueblan los cines para tragar comida, darse empujones con los amigos, mandar mensajes de textos y reírse a carcajadas, se van a aburrir.

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El guión de Chris Sparling es, mínimamente, brillante. Ubica un personaje en una situación extrema y la duda es cómo va a salir de esa posición. A partir de un par de elementos (un encendedor, un celular), se abren los caminos para avanzar la historia. ¿A quién llamo? ¿Cómo lo convenzo? ¿De que manera logro que me atienda? Desde ya, los elementos que aparecen dentro del ataúd va a empezar a levantar la sensibilidad de los “expertos” (los mismos que rechazaron el guión) que tienen una excepcional capacidad a flor de piel para hacer objeciones pelotudas del estilo “¿Cómo tiene cobertura el teléfono?”, “¿Por qué le dejan un lápiz?”, “¿Cuánto tiene de oxígeno?”, “¿Por qué el durazno tiene pelusa?”. Queda claro: si al tipo lo ataban de pies y manos y el celular no tenía cobertura, no había película. Todo acto artístico es una suspensión deliberada de la incredulidad. Porque si no olvidamos por un momento que el tipo que está sobre el escenario es un actor que hace que le pasan cosas y no que le pasan cosas verdaderamente, no habría obra de teatro alguna. Así que relájese y disfrute de lo que ve.

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Si el guión es brillante, lo de Rodrigo Cortés es superior aún. El uso de la luz para cortar los bloques temáticos es de manual. Los planos sobre el protagonista son para analizar con detalle: nos mete en la claustrofobia de la situación sin darnos cuenta que la cámara está viajando alrededor del espacio.

El otro puntal fuerte es Ryan Reynolds en la piel del único personaje en pantalla (el resto son voces a través del celular). Catarata de primeros planos y concentración de la actuación en el rostro. Y Reynolds soporta el desafío. Hasta ahora, de lo que vimos de él, no nos había llamado particularmente la atención. En esto, Cortés ha logrado sacarle una actuación estupenda.

Si bien la película tiene en la mira el suspenso como prioritario objetivo, el guión se permite sugerir algunas interpretaciones alternativas. Una, es la comprensión del protagonista de que es una pieza prescindible, tan desechable como los camiones que maneja. La charla final con el jefe de personal de CRT es el punto máximo de esa comprensión. Si lo asesoran es al solo efecto de “minimizar daños”. La preocupación principal de sus interlocutores es calmarlo y que siga las reglas. Que nadie sepa lo que le está pasando. “Lo siento” es una de las frases más repetidas en “Enterrado”, generalmente dicha por aquellos que no sienten en absoluto lo que está diciendo.

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Otra reflexión interesante es la cualidad neutral de Paul, desmentida en los notables diálogos con su secuestrador. Paul sólo fue a Irak a conducir camiones; su secuestrador lo ubica en la escena: es tan invasor como el soldado que lleva un arma. “Yo sólo vine a trabajar” argumenta Paul; “Yo tenía un trabajo antes de que ustedes vinieran”. Paul acusa al otro de terrorista: “Yo tenía un trabajo, una casa, una familia, antes de que vinieran a destruirlo. ¿Y yo soy el terrorista?” contesta el otro eficazmente. Brenner confirma la condición: “No son terroristas, son humanos. Es sólo una cuestión de dinero”. Paul se queja: “Yo no secuestraría gente y la enterraría viva”. “Si no tuviera con que darle de comer a sus hijos, váyase a saber de lo que sería capaz de hacer” se opone con desgano Brenner. La realidad se opone a su creencia: es tan invasor como el ejército invasor.

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Una reflexión más sobre el muro de silencio en la era de la comunicación. No nos resulta increíble que el tipo pueda llamar desde Irak a su casa, al FBI, a su empresa. Tampoco que, casi siempre, le contesté un mensaje grabado. Mucho menos que los pocos humanos que lo atiendan, lo escuchen con el mismo nivel de atención del piloto automático de la cinta grabada.

En suma, “Enterrado” es una de las propuestas más interesantes de los últimos tiempos, en una cartelera desnutrida de audacia e imaginación. Dejarla pasar sería un pecado, para aquellos que amamos el cine y las historias bien contadas.

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