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críticas chatarras

martes, agosto 12, 2008

un bostezo partido al medio 

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UNA MUJER PARTIDA EN DOS

Claude Chabrol tiene un estilo y a esta altura (con 78 años) es difícil que lo cambie. Sus filmes retrata la sociedad burguesa adinerada francesa, esos tipos formales que mantienen una fachada intachable puertas afuera, perversos y mezquinos cuando los conocemos en su intimidad. El método Chabrol para descubrirnos esa verdadera naturaleza, es la sutileza. Sus películas nunca dicen directamente lo que verdaderamente dicen. Es una acercamiento a la verdad por acumulación de pequeños gestos. El sedimento nos revela la otra cara de los personajes.

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Ese método requiere extrema pericia para lograr su objetivo. Y Claude Chabrol es un maestro en este campo. Pero caminar en el borde, película tras película, conlleva el riesgo de que alguna vez se pueda caer en los abismos del aburrimiento o la obviedad. Es el caso de “Una mujer partida en dos”, uno de los puntos flojos de su filmografía, pese a la crítica local que celebró el regreso del gran maestro.

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“Una mujer partida en dos” es la historia de una pronosticadora del tiempo, joven y bonita, que promete ascender en la escala social, ganarse un lugar bajo el sol de esa burguesía adinerada. La chica sólo tiene su cuerpo para imponerse. No es poco. (Más que ese cuerpo es de Ludivine Sagnier, una debilidad de la casa).

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Gabrielle (la chica en cuestión) queda atrapada entre dos fuerzas poderosas y opuestas: un veterano escritor pervertido y un joven heredero millonario al que le faltan algunas monedas en la alcancía. Como es de esperar, de la confrontación de ambas fuerzas sólo cabe esperar la tragedia.

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Al guion de “Una mujer partida en dos” (coautoría de Chabrol con Cecile Maistre, su hijastra) le falta atractivo. Es demasiado obvio, demasiado lineal, con una anécdota poco profunda. Si el planteo puede ser interesante, el desarrollo no lo es. Por eso el filme naufraga.

Como si todo estos “peros” no fueran suficiente, hasta se comete el pecado de una pésima escena final (la del acto de magia), gruesa metáfora del tema del filme, que choca con esto de la sutileza que caracterizaba el método Chabrol.

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En suma, un filme para dejar pasar, salvo que quiera babosearse un poco con Ludivine Sagnier.

CONSEJO: esperar al DVD, sin mucho apuro.

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