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críticas chatarras

miércoles, diciembre 05, 2007

el orden imposible 

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DESAPARECIÓ UNA NOCHE / LA DALIA NEGRA

Ayer transcribimos un párrafo diferenciando las dos grandes corrientes del policial, aquel iniciado por Edgar Allan Poe, el investigador lúdico que descubre al autor del crimen y reestablece el orden, enfrentado a la rama norteamericana donde ningún orden es posible y el interés del policial consiste en retratar la descomposición de la sociedad dónde impera el crimen, más que el homicidio en sí.

En la pantalla local coexisten, en estos días, dos exponentes claros de este último tipo de policial: “Desapareció una noche”, ópera prima de Ben Affleck, con su hermano Casey como protagonista central y “La Dalia negra”, la traducción cinematográfica de la novela de James Ellroy, a cargo de este gourmet del celuloide que es Brian De Palma.

La primera clave para analizar estos dos filmes, de naturaleza distinta pero con elementos en común, es que lo menos importante es el crimen. Ambos son crímenes brutales: la desaparición de una niña (posiblemente abusada sexualmente); la mutilación de una joven actriz prostituyéndose en el Hollywood de los años de guerra. Pero el objetivo no está tanto en describir la mentalidad del asesino o retratar una investigación metódica y racional. Ambos libros se esmeran en describir el contexto social que contiene al crimen. En ambos casos, la descripción de ese entorno, nos permite comprender el homicidio no cómo una excepcionalidad, sino como un signo, un síntoma, que retrata al contexto.

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En ambos filmes, está la idea de una sociedad en la que impera un juego de normas distintos detrás de esa gran fachada que podríamos llamar “La Ley”. Un mundo más oscuro, brutal, con poderosos operando a su antojo, con seres hundidos en el fango existencial más miserable del Universo. En esa selva, toda intervención que corrija el error, la desviación, lo malvado, es inútil. En un cosmos con esas reglas, la norma es lo abyecto, lo perverso, lo desviado. La ley es una ficción proclamada para crear la ilusión de una normalidad inexistente. Algunos podrán vivir creyendo en el orden que proyecta esa ilusión. Pero en los márgenes es dónde se ve, con más claridad, la inexistencia de ese artificio.

En “Desapareció una noche”, el barrio marginal de Boston donde transcurre la historia, la diferencia entre la policía y los vecinos es tan clara, tan tajante, tan profunda que los tíos de la niña desaparecida contratan a un detective privado del barrio que pueda hablar el mismo idioma que sus interrogados. Patrick Kenzie ha salido del barrio, pero no ha olvidado sus usos. Fuera del barrio, es un hombre racional, tranquilo, un profesional; en su actividad, en su interrelación con dealers, vagos y adictos, su lenguaje se vuelve soez, agresivo, marcando límites. Es la ley del barrio. Imponerse ante que se impongan. Esas diferencias de lenguaje, marcan la coexistencia de dos mundos.

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Esta simultaneidad de un conjunto de usos y costumbres que opera como una ley detrás de la ley formal, recuerda (no por casualidad) a “Río místico”. Decimos que no por casualidad porque “Desapareció una noche” es una adaptación de Ben Affleck y Aaron Stockard de la novela de Dennis Lehane, autor de la novela “Río místico”.

En “La Dalia negra”, la coexistencia de dos mundos disímiles se plantea en términos del ilusorio mundo de Hollywood y de aquellos que son pisoteados en el camino para alcanzar el éxito. Es un tema que ha tocado David Lynch en sus últimas dos producciones: “Mulholland Drive” e “Inland Empire” con claro antecedente magistral en “Subset Boulevard”. Brian De Palma estira la cuerda y calca todos los clichés del cine negro, con su característico regodeo visual. Los personajes de su historia son casi caricaturas. Nótese la artificial sensualidad de los dos símbolos sexuales femeninos del filme: Hilary Swank y Scarlett Johansson, maquetas al borde del ridículo.

Los protagonistas masculinos, los dos policías, también evocan los clichés del policial norteamericano. En este caso, la contraposición de ambos personajes juega un doble rol de héroe – antihéroe, exitoso – fracasado, Abel – Caín, fuego – hielo, una medalla con dos caras que se subvierte según desde que mundo se observa. En el mundo glamoroso de Hollywood, el héroe romántico es Lee, el eterno ganador, y Dwight, su sombra; en el mundo real, los papeles se truecan, con la salvedad que no hay héroe posible en un universo desordenado.

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Otra semejanza de ambos filmes, es que toda la investigación del crimen opera en un juego de cajas chinas del engaño. Nada es lo que parece ser; toda palabra encierra un ocultamiento y una investigación posterior, rearma toda la cadena de razonamientos. Los protagonistas, Kenzie y Dwight, son arrastrados por la corriente del engaño, títeres oportunamente manipulados por su ética en un mundo que carece de ella. Es el hallazgo supremo de ambos filmes: Kenzie y Dwight actúan con las reglas del mundo formal, pero su error es que están jugando su juego en el mundo real. Sus principios no significan nada y, peor aún, pueden tener el efecto inverso: beneficiar a los malvados.

Como detalles particulares, nos quedamos con las excelentes actuaciones de Ed Harris y Amy Ryan (la madre drogadicta de la nena desaparecida) y con Aaron Eckhart. En líneas generales, las actuaciones de “La Dalia negra” están un escalón debajo del elenco de “Desapareció una noche”. La fotografía y la dirección de cámaras, es el pilar fundamental de “La Dalia negra”.

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Un apunte para una escena que es un delicioso ejemplo de manejo de cámaras que nos define al gran artista que es Brian De Palma, la escena de la aparición del cadáver de Elizabeth Short. Permítanme contarla. En un plano-secuencia, vemos un negocio con una puerta lateral, en cuyo umbral hay un proxeneta que está a los gritos con dos de sus prostitutas. La cámara sube y en el techo de ese local, vemos dos cuervos. Los cuervos nos sugieren un muerto. Pero no vemos nada. Sólo la ruta detrás de esa cuadra y el verde del campo a su costado. En un ángulo, hay un carrito de bebé, al costado de la ruta, abandonado por su madre, una mujer que viene a los gritos. La cámara baja y volvemos al garito, donde se ha desencadenado un tiroteo (que se relaciona con los protagonistas). Tras corridas, gritos, un baleado en la calle (“¡ah, ahí está el muerto!” decimos equivocadamente), la cámara vuelve a elevarse y regresamos a la ruta, donde ahora hay un patrullero y empieza a acercarse la gente. La mujer que abandonó el carrito de bebé, espantada, acaba de encontrar el cadáver mutilado de Elizabeth Short, el crimen central del filme. Sugiero que le presten atención a la manera que está filmada esa escena, como se proporciona la información sólo con imágenes y, si la están viendo en DVD, retrocedan y vuelvan a verla. Eso es cine.

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Escenas destacadas de “Desapareció una noche”: la charla de Kenzie con Remy, en la que se desliza un error clave; la charla final entre Kenzie y Angie; la escena final de Kenzie sentado en el sillón; la pelea en el bar en la que Kenzie sale apuntando el arma; la confesión del tío de la niña desaparecida.

Escenas destacadas de “La Dalia negra”: los castings de Elizabeth Short; la mencionada escena del descubrimiento del cadáver; la cena familiar en casa de Madeleine Linscott; la salida al cine con Kay tomando de la mano a Dwight y Lee.

Las mejores frases, mañana y pasado.

CONSEJO: ambas pueden esperar al DVD, pero son excelentes posibilidades en cine, sobre todo para los amantes del policial negro.

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